

Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús
Mitos y realidades sobre la violencia intrafamiliar...
Familia





¿Cuántas veces habremos oído "si le pegan es que algo habrá hecho"?, ¿Cuántas mujeres piensan que los insultos continuos que les dedican sus maridos no son violencia intrafamiliar?. Éstos son algunos de los mitos que hay que desterrar
MITO: Si la mujer es golpeada es porque se deja, si realmente quisiera, podría dejar a su abusador.
REALIDAD: Generalmente cuando una mujer trata de defenderse, es golpeada con mayor fuerza, a nadie le gusta ser amenazada o golpeada, existen razones sociales, culturales, religiosas, económicas que mantienen a las mujeres dentro de la relación. El miedo es otra de las razones que las hace permanecer en sus hogares. Los peores episodios de violencia suceden cuando intentan abandonar a su pareja. Los golpeadores tratan de evitar que las mujeres se vayan a través de amenazas de lastimarlas o de lastimar a sus hijos o a ellos mismos. También influyen las actitudes sociales, tales como la creencia de que el éxito del matrimonio es responsabilidad de la mujer y que las mujeres dañan a sus hijos si los privan de su padre, sin importar cómo actúe él.
MITO: La violencia intrafamiliar es provocada por el alcohol y las drogas.
REALIDAD: El alcohol y las drogas son factores de riesgo, ya que reducen los umbrales de inhibición. La combinación de modos violentos para la resolución de conflictos con adicciones o alcoholismo suele aumentar el grado de violencia y su frecuencia pero muchos golpeadores no abusan ni de las drogas ni del alcohol y muchos abusadores de drogas o alcohol no son violentos. Son dos problemas separados que deben ser tratados por separado.
MITO: Si se porta mal merece ser golpeada.
REALIDAD: Nadie merece ser golpeado no importa qué haya hecho. Los golpeadores comúnmente culpan de su comportamiento a frustraciones menores, al abuso de alcohol o drogas o a lo que su pareja pudo haber dicho o hecho. La violencia, sin embargo, es su propia elección. La violencia intrafamiliar no puede ni debe estar justificada en ningún caso, cualesquiera que sean las circunstancias. El maltratador siempre será un agresor y la persona maltratada su víctima.
MITO: La violencia intrafamiliar solo concierne a la familia.
REALIDAD: La violencia intrafamiliar es un problema de todos. Todos debemos proponernos detenerla. El agresor, no por ser parte de la familia tiene derecho a agredir y dañar, esto está mal y es ilegal, las víctimas deben tener y sentir el apoyo social para que de esta manera pierdan el miedo y se decidan a denunciar.
MITO: La violencia intrafamiliar es un problema de familias pobres y sin educación.
REALIDAD: La violencia intrafamiliar se produce en todas las clases sociales, sin distinción de factores sociales, raciales, económicos, educativos o religiosos. Las mujeres maltratadas de menores recursos económicos son más visibles debido a que buscan ayuda en las entidades estatales y figuran en las estadísticas. Suelen tener menores inhibiciones para hablar de este problema, al que muchas veces consideran "normal". Las mujeres con mayores recursos buscan apoyo en el ámbito privado, cuanto mayor es el nivel social y educativo de la víctima, sus dificultades para develar el problema son mayores. Sin embargo, debemos tener en cuenta que la carencia de recursos económicos y educativos son un factor de riesgo, ya que implican un mayor aislamiento social.
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COMO DECIR NO
No es No y hay una sola manera de decirlo. No.
Sin admisión, ni interrogantes, ni puntos suspensivos.
No, se dice de una sola manera.
Es corto, rápido, monocorde, sobrio y escueto. No.
Se dice una sola vez, No.Como un disco rayado, No.
Un No que necesita de una larga caminata o una reflexión en el jardín no es No.
Un No que necesita de explicaciones y justificaciones, no es No.
No, tiene la brevedad de un segundo.
Es un No, para el otro porque ya fue para uno mismo. No es No, aquí y muy lejos de aquí.
No, no deja puertas abiertas ni entrampa con esperanzas. Ni puede dejar de ser No, aunque el otro y el mundo se pongan patas arriba.
No, es el último acto de dignidad.
No, es el fin de un libro, sin más capítulos ni segundas partes.
No, no se dice por carta, ni se dice con silencios, ni en voz baja, ni gritando, ni con la cabeza gacha, ni mirando hacia otro lado, ni con símbolos devueltos; ni con pena ni menos aún con satisfacción.
No es No, porque no. Cuando el No es No se mirará a los ojos y el No se descolgará naturalmente de los labios.
La voz del No, no es trémula, ni vacilante, ni agresiva. Y no deja duda alguna. Ese No, no es una negación del pasado, es una corrección del futuro. Y sólo quien sabe decir No, puede decir Sí.

"Gran parte de los problemas que tienen hoy nuestros hijos, como la poca motivación para los estudios, la baja tolerancia a la frustración, la impaciencia, esa sensación de soledad inmensa, se debe a que los padres olvidaron ser "Autoridad".
Este término es complejo y lo confundimos muchas veces con el autoritarismo. No obstante sus definiciones nada tienen que ver. "Autoridad" involucra aspectos como "dar el ejemplo", "ser referentes", poner límites, ser coherentes, disciplinar, escuchar, pero también ser afectuosos y tiernos con ellos.
Autoritarismo significa imponer creencias y puntos de vista sin escuchar a los otros. La disciplina, los límites y el respeto no se construyen desde el autoritarismo y la imposición a gritos de reglas que no se comparten o no se entienden.
La autoridad y respeto se construyen desde el diálogo, la comprensión y el entendimiento, sostenidos por la coherencia de lo que decimos y hacemos cada día. Hay que saber mirar y escuchar y también saber decir que no y explicar el porqué. No solo en la escuela sino en la familia, sociedad en general y las familias en particular.
Los padres por diversas razones han dejado de ser autoridad, dejaron de lado su principal rol que es el de educar a sus hijos, y han perdido el control sobre ellos. Además muchos padres delegan a la escuela que cumpla esa función a los docentes porque a ellos "los chicos no les hacen caso".
Nuestros hijos necesitan urgente que los eduquemos con responsabilidad, haciéndolos conscientes no solo de sus derechos sino de sus deberes,… Debemos educarlos en la fuerza de voluntad y perseverancia, porque nada en la vida se logra sin esfuerzo. Los chicos necesitan padres que establezcan, en la calidez de la relación, límites claros para que puedan crecer y convertirse en emprendedores del futuro"









